24 noviembre 2007

Abrazo

Y recuerdo las veces en las que aparece esa pequeña angustia atorada por algún lado del cuerpo. Por fuera los ojos van perdiendo el brillo de su mirada, por dentro la angustia sigue latiendo a ritmos crecientes. Tal vez un abrazo fuerte ayude a apagar ese pequeño dolor que aflora de repente sin pedir permiso. Y por fin viene la parte del abrazo. Es lindo, es cálido, se roba algo de lo que está perturbando por dentro. Y son esos segundos los que le ponen pausa a lo molesto, pareciera como si el silencio se hubiera apoderado de la situación y ya nada tuviera ganas de hacer ruido. Y por eso decido que la imagen se congele de esta forma. Tal vez sea el próximo capítulo el que cuente lo que pasa después, tal vez siempre mantenga el abrazo como último recuerdo. Tal vez sea el recuerdo lo que nos mantiene vivos.

29 julio 2007

Mi tren se ha averiado

Algo pasa adentro que ya no me deja escribir. Me animé a estas palabras pero el miedo a avanzar me endurece las manos. Por favor, una pausa y ya sigo escribiendo.Siento en mi cabecita un millar de mariposas coloridas yendo a favor de mis propios remolinos de viento. No sólo hay lugar para dicha excitación mental, sino también para una puerta pequeña que se abre y se cierra de a ratos. E increíblemente por aquel hueco diminuto entran y salen cada uno de los vagones de mi pequeño y desaparecido tren imaginario. Y como todo tren, el mío no cesa de pasar sin su tan característico ruido de tren “tu tu, tu tu”, y otra vez “tu tu, tu tu”. Algunos afirman que los trenes no gritan “tu”, sino que lo hacen con una “t” al final. En resumen, estos últimos revelan que los trenes hacen “tut tut, tut tut” en vez de “tu tu, tu tu”, pero a mí me parece un tanto más refinado mi “tu tu” que su “tut tut” que me traba la lengua cuando quiero volver a empezar. Pero ojalá fuera su maldito ruido el problema que me aqueja y me estrecha la imaginación. Será que sus vagones vienen vacíos, será que ya no vienen cargados con inspiración y audacia, será que se han olvidado de cargar el alfabeto que me ha estado proporcionando cada una de las letras de cada uno de mis textos, será que mi tren se ha averiado y tal vez necesite descansar un poco, pero basta. Yo podría darte una mano de pintura si es que lo necesitas, o tan solo ajustarte un par de tuercas para que camines más derecho, ¡pero dime de una vez qué es lo que quieres! Creo que con esta agresión no lograremos llegar a un acuerdo.

19 junio 2007

Todo

Permanecer con los ojos cerrados sólo por un rato. Las palabras se consumen en el interior de las mentes, mientras suenan de fondo múltiples melodías que nos guían hacia un sentimiento profundo.
Es real que mis manos susurren por abrazarte, es verdad que mi piel tenga motivos para sentirte.
Quisiera no pensar más que en nosotros. Quisiera creer que este momento se guardará como un tesoro de piratas. Quisiera que el pasar del tiempo jamás borre el sentimiento de estas líneas.
¿Qué pasa aquí?, ¿es posible que aún me persigan las cosquillas en la panza? Será que me gustan, será que las necesito. Será que te siento tan adentro que no puedo dejarlas ir.

Y yo estoy, creéme.
Es que todavía no tengo ganas de irme.
Es que todavía sigue siendo todo,
Pero todo.

04 mayo 2007

El bueno venció y el malo murió

La película terminó, y como habíamos dicho al comienzo, el bueno venció y el malo murió.
Nosotros también queremos hacer arte, al igual que ellos.
Nos pintamos las manos de rojo y jugamos a ser Alicia. Luego estampamos la ciudad y fotografiamos el recuerdo.

Cuánto me gusta pararme en aquel puente y ver cómo los autos juegan carreras de luces. Jamás podría derrumbarse, el puente es fuerte y uno de los más anchos que hay, mis peso no podría afectarle.
Comenzamos a girar y la gente nos mira sin disimulo, hagámoslo de la mano que es aún más divertido.
Acá arriba todo es más pequeño, menos vos.

Recuerdo aquella nota que un día escribimos. Ese mismo papel compartía nuestra semejante locura.
En forma de avión la tiramos desde el puente una noche de museos, y por Dios que voló.
Yo no sabía hacer figuras de papel, de todos modos algo aprendí.

Mis manos están llenas de pegamento no tóxico, hay una mancha de tinta negra en la punta de mi codo izquierdo.
Brillantina por la mesa, el piso, la alfombra y tu cara.
De fondo un leve suspiro armonioso, una guitarra que se afina.

Camino y no me canso, corremos cuando estamos juntos. Me olvido del entorno cual contexto me persiga.
Nos acercamos, pero allí veo algo que se aleja, todo al mismo tiempo.
Y la película terminó como habíamos adivinado al principio, el bueno venció y el malo murió.

28 marzo 2007

Instante

Un aplauso, el parpadeo colectivo, un flash de luces vertiginosas. Fue un instante, tan sólo el primer compás de un segundo repartido. Decimos sí, por detrás un no que se esconde de espaldas al público presente.

No hay vuelta, un escritor anónimo ha borrado las vías de regreso. Pintarlas imposible, cantarlas mucho menos. La siesta de las tardes desorienta al presente en un sueño inexistente.

Ya está, ahora nos callamos para que la mente se entretenga un rato pensando. Comienzan a llegar los sentidos, los cuales convergen en el mismo sentimiento que no abandona a los corazones de cristal.

Siguen los cuerpos, conmovidos. De a poco, nos dicen.


Una vez más me siento en la puerta de aquella casa del barrio, y adivino el color de los colectivos que pasan. Las bocinas se entremezclan, así no puedo comprender las líneas del párrafo que me toca. Leo una vez más, y ahora entiendo el andar de la gente. Ahora entiendo mi andar. Ahora vuelvo a entender el porque de un sí repentino.

24 marzo 2007

Nunca Más


Por los jóvenes que perdieron su libertad,
Por los artistas que lucharon contra la represión de la libre expresión,
Por los acusados de subversivos,
Por aquellos a los que se les quitó su identidad,
Por los que fueron y nunca volvieron,
Por la tierra que sembró el horror y la tortura,
Por la violencia y todas esas putas ocurrencias inhumanas.



NO BOMBARDEEN BUENOS AIRES
Charly García

No bombardeen Buenos Aires,
no nos podemos defender.
Los pibes de mi barrio se escondieron en los caños,
espían al cielo, usan cascos,
curten mambos, escuchando a Clash.
Estoy temiendo al rubio ahora,
no se a quién temeré después.
Terror y desconfianza por los juegos,
por las transas, por las canas, por las panzas, por las ansias,
por las rancias, cunas de poder, cunas de poder.
Si querés escucharé a la B.B.C.
aunque quieras que lo hagamos de noche
y si quieres darme un beso alguna vez
es posible que me suba a tu coche.
Pero no bombardeen Busnos Aires.
No quiero el mundo de Cinzano, no tengo que perder la fe,
quiero treparte pero no pasa nada,
ni siquiera puedo comerme un bife y sentirme bien.
Los ghurkas siguen avanzando, los viejos siguen en T.V.,
los jefes de los chicos toman whisky con los ricos
mientras los obreros hacen masa en la Plaza como aquella vez,
como aquella vez.
Si querés escucharé a la B.B.C.
aunque quieras que lo hagamos de noche
y si quieres darme un beso alguna vez
es posible que me suba a tu coche.
¡Pero no bombardeen Barrio Norte!

"Yendo de la cama al living", 1982

25 febrero 2007

Arriba y abajo

Me asomo al balcón y me creo capaz de poder destruir la ciudad con un leve pisotón. Veo luces que se camuflan con gente pequeña que camina ligero, bocinas perdidas que son suficientes para despertar mi asombro. Y allí hay vida, al igual que aquí arriba. Vida a la que pertenezco, bullicio del cual soy parte, jardines con pileta.
Estoy a oscuras, y el vecino de enfrente lucha en la cocina por la cena de esta noche. Quisiera gritarle que la ensalada es más rica si se corta la lechuga con la mano, no con cuchillo. En una pequeña ventana en el octavo piso del edificio de enfrente hay un hombre bañándose, pero no logro ver nada más que un vidrio empañado. Sigo observando y me detengo a espiar a una parejita que se ha mudado recientemente a uno de los departamentos con balcón terraza más iluminados de la cuadra. Ella es rubia y él morocho, por eso es que logro distinguirlos fácilmente.
Por momentos me da miedo asomarme, no sea cosa que me fuera a caer. A veces pienso que si lograra estirarme tan sólo un poco más podría moldear la forma de las nubes a mi parecer. De todos modos no lo intentaría, no quisiera lastimarlas. Más arriba y más lejos están las estrellas. Si quisiera capturarlas necesitaría un arco y una flecha para poder dispararles. Luego sería el momento de esperar sentada que alguna de ellas caiga junto a mí, sin romperse.
Los chicos de enfrente apagaron todas las luces, ahora sí me quedé a oscuras completamente. Les recuerdo que su balcón terraza es uno de los más iluminados de la cuadra. Ojalá supieran que hoy es una linda noche para ver una película alquilada, sobretodo esa que alguna vez te quedó pendiente y sí o sí tenés que ver. Les gritaría que miraran alguna bien romántica, pero cerraron la ventana y no podrían escucharme. En fin, el muchachito apagó el televisor, no creo que haya película. Ahora me encuentro más a oscuras todavía.
Me acuesto un rato en el piso, creo que ahora el cielo está más limpio sin tanto brillo urbano. Qué lástima que cupido no existe, sino le pediría su arco y flecha para cazar un par de estrellas, son tan lindas. Pero qué podría hacer yo con una estrella en mi mano, nada. Todo el mundo se voltearía a mirarme, y a mí me gustan los secretos. Mejor las dejo allá arriba, sino ya no tendría forma de contemplarlas en silencio.

21 febrero 2007

La nada, no

Tengo un pie adentro y el otro afuera, y no es mentira. A veces pienso que pronto iré a perder el equilibro y me caeré, ¿pero qué?, ¿qué hay ahí abajo? Quizás nada, tal vez la nada me sorprenda. Pero no, porque la nada no existe, siempre hay algo. Aparecen formas, me mancho la ropa o me desmayo por el calor, pero nada no es posible. Intenté muchas veces encontrar la nada, pero siempre me topo con su maldita burla.
Ahora vas a mirar para tu costado, el derecho. No hay nada.
Error, la nada no se ve. Eso es porque no existe, como los fantasmas.
Momento de que te las ingenies para taparte los ojos, intentá con la mano. Con la otra darás una piña para tu lado derecho. Despacio, no vaya a ser cosa de que te lastimes por mi culpa. ¿Lo atrapaste?, deberías haberte avivado. Ahora ya se fue, se escapó. ¡No digas que no hay nada!, ¿o no ves que mientras escuchabas mis retos se te volvió a escurrir de las manos?
Tratá de que tu mirada continúe encerrada dentro de tu mano. Inspirá el aire lo más fuerte que puedas, sin ahogarte. Por Dios, dije sin ahogarte. No digas nada, seguro no sentiste nada.
¿Acaso no te quemás cuando tomás el café con leche todas las mañanas? No me respondas, por el momento recuerdo que el Nesquik lo tomás frío. Y sin azúcar.
¿Sabés lo que es un pajarito, no? No, no quieras dibujármelo, tan sólo explicámelo. Claro, un cuerpo pequeño con un par de alas y plumas de colores.
Cómo te digo que un pajarito es el que hace pio pio cuando está contento...

Uno, tan sólo uno. A ver si te das cuenta.

04 febrero 2007

Dos cuerpos

Hay momentos en los cuales nuestra mente se detiene y el propio cuerpo tiene el gusto de dominar cada uno de los impulsos. Y así es como sucede, sin pensarlo sucede. Y los días pasan y cada vez son más los efectos de esta dosis. Porque necesito esa mirada que me habla con los ojos y adivina cuáles serán las próximas palabras que irán a surgir de mi boca, porque espero el momento en que me acaricies y luego me tapes para que no tenga frío, porque siempre tengo ganas de un abrazo y que así tu mano me mime poco a poco la espalda.
Me levanto y siento el olor de tu piel, tal como si tu propio perfume me persiguiera. Será que tu aroma me gusta, será que vos mismo te me impregnás. Tengo grabada en mi mente cada una de tus tantas sonrisas, pero la que más me gusta es la que viene acompañada de aquella tímida inocencia que me contagia. Y todo esto es lo que pasa, y así es como nos pasa. Es una y otra vez, sin cansarnos, sin rezongar. Todo esto abunda, los días ayudan, y el tiempo nos juega a favor. Por momentos me detengo y le pido a mi cuerpo que ceda, que entienda que me da miedo abusar. Pero él también sabe que ya no está solo, que allí hay alguien más que lo espera y lo acompaña. Y aquí estamos vos y yo, parados, sentados o acostados. Aquí estamos los dos, ambos preguntándonos si nuestro encuentro le pertenece al destino, al imprevisto o es todo mera casualidad. Creo no poder ser dueña de alguna posible respuesta infalible, pero sostengo que la causa de todo esto fue realmente acertada. Ya no es cuestión de esperar, ahora las cosas suceden. Hay algo que nos está pasando, y me preocupa... me preocupa que todo sea tan lindo.

05 diciembre 2006

Lo es

Ver por todos lados pequeñas cosas lindas que resaltan por sobre la inmunda multitud. Y no es fácil, tampoco difícil, sólo es. Es lo lindo en sí, una búsqueda placentera que sana un silencio vacío. No quiero más de las complejas preguntas, hoy me conformo con simples respuestas que no dejan de lado el asombro ni la duda. Y ahí también está lo lindo, lo lindo rodeado de lo otro. Eso que asoma, luego se esconde, que regala tímidas sonrisas y más tarde un lindo te quiero. Y así de simple es lo lindo. Y hoy lo veo, por fin lo veo.

Será que estoy parada, parada en el medio de la vida.

18 noviembre 2006

Será

Uno camina y piensa, piensa todo el tiempo. Veo el árbol y pienso, veo el piso y pienso, veo las luces y pienso, veo el semáforo y también pienso, veo al vecino, lo saludo y sigo pensando. Qué estupidez, para qué pienso me pregunto. Pienso las palabras, así las mismas se unen y no terminan desbordadas en la nada. Pienso en mi puta exageración que borra los límites y habla en términos de soberbia. Pienso en lo bueno y lo malo, en lo que está bien y lo que está mal, en la verdad y la mentira, en las malditas realidades sociales que rigen las normas que en esta vida nos tocan. Y somos parte, sí. Pienso al revés, pero tan solo por un instante. La corriente me lleva y me chupa la fuerza del tren. Pienso con los sentidos, que maravilla. Será que me gusta sentir por momentos, será que el arte me sensibiliza los pies. Será que veo los colores brillar, las infinitas tramas. Será que las melodías apagan las luces y ahí aparecen los bailarines en puntas de pié. Serán los personajes de tu obra los que producen escalofríos en la sala. Serán las imágenes compitiendo junto a las letras, serán ambas reconciliándose. Algo de todo eso será, y algo más también. Eso pienso yo. Y me acordé que sigo pensando, y también sigo sintiendo. Pienso y siento la música que me envuelve, los acordes de fondo y un mundo de pentagramas reflejado en un piano de cola. Pienso y siento el atril, grande, pequeño, quizás mediano. Depende, pienso. Pienso y siento el olor fuerte del vino que hoy deseo crear. Pienso y siento tu figura, tu perfil, tus curvas perfectas. Pienso y siento el encuadre que mejor se adecue para mi retrato. Pienso y siento mis caras, mi cuerpo, mi habla y mi espectador, nulo. Pienso y siento para adentro, para afuera, para mí, para vos. Pienso y siento lo que escribo, lo que borro, lo que publico y lo que me guardo. Sigo pensando y sigo sintiendo, sino qué me queda.

07 noviembre 2006

Mi proceso

Ser sensible a los próximos estímulos que han de navegar en el tiempo. Cerrar los ojos y sentir múltiples melodías que logran trasladarme a mi propia estampa imaginaria. Allí es donde las paredes toman de mi paleta sus colores, donde el aire es frío y caliente, y en donde los trazos reúnen líneas formando figuras ilusorias. Todo es válido en esta supuesta mentira que no engaña y me adormece. Y he de aquí en donde arranca mi admiración a este vicio impulsivo de máxima expresión creativa, la cual no califica ni tampoco sé si provoca. Y han estudiado la esencia humana a lo largo del tiempo, pero es aún hoy que mi razón no logra comprenderla, mis capacidades expectantes se encaprichan, y mi sensibilidad padece la misma piedad que el mundo real envuelve día tras día. Sólo siguiendo el instinto accedo a modelar las masas que me han de llevar a innovar y turbar las letras, ya sean minúsculas, pequeñas, magnas o soberbias. Sigo escuchando voces, ondas, ruidos, frecuencias, susurros... pero hay algo continuo que me murmura al oído en silencio, no sé qué es. O tal vez sí, pero no tiene nombre. En fin, salgo a la calle y mis manos tiemblan. Qué loco todo.

29 octubre 2006

Mi primer película

El laboratorio, los químicos, la oscuridad que se ríe del papel.
Agiten, cuenten los minutos, todavía no está listo el asunto.
Me pongo el delantal, no sea cosa que me manche.
Con cuidado, la película podría arrugarse. Ahora la cortamos.
La tira es larguísima, pero está enrollada y parece un mínimo segmento.
-
Destapo, ya lo había tapado antes, ahora tengo luz.
El primero, el segundo, el tercero, el lavado.
Precaución, el trabajo es lento. Con calma.
Veo un metro de rectángulos continuos esperando el secado.
Ahí los veo colgados, ahorcándose. Espero un poco más.
-
De seis en seis los separo, necesito las tijeras.
Dónde está mi hoja de archivo por favor.
Todo sigue siendo lento, no vayas a arruinar las cosas ahora.
Todo está protegido, es momento de guardar.

Eso fue suficiente por hoy, próximamente un nuevo día de trabajo.

17 octubre 2006

Sonríeme

Qué lindas son las cosas simples. Esas que muchas veces han de pasar desapercibidas ante la propia complejidad que nos domina.
Dejame verlas, por favor. Puedo verlas, gracias.
Qué lindas que son las cosas simples, pero me contradigo.
Porque esta simpleza no se trata de algo ingenuo, bobo o sencillo, tal como lo menciona el diccionario.
Al contrario, de ser tan simples y humildes pasan a ser la delicadeza más importante que guardo bajo mi cama. Cuánto más simple, más espacio ocupa. Crece y crece, de a poco. Entonces no entiendo, no entiendo. Si no es lo simple, ¿qué es?. Se va haciendo más grande, pero entonces ya no es ingenuo, o sí. Si aumenta su tamaño ya no es simple. Por eso me contradigo.
Qué lindas que son las cosas simples. Las mismas que hablan con naturalidad y miran con tímida inocencia.

Las mismas que de pronto me sorprenden y me regalan tu sonrisa.

=)

03 octubre 2006

Escondite

Construir una balsa para perderse bien lejos.
Allí donde el agua transparente. En donde no se ven los peces pero tampoco hay edificios de oficinas.
Ni mucho menos fábricas que largan humo negro.
Parecido a un prototipo imaginario de paraíso.

Acá, la brisa de la racha me empuja por inercia.
A paso lento, bien lento.
Y uno aún sale ileso de aquel escondite que no respira por si solo. El mismo que no transpira adversidades ni tampoco nos hace sudar las desgracias.
Es un poco intrépido de todos modos, porque nos contagia.
Te atrapa como las redes. Te vigila, y luego te devuelve tras pasar un tiempo que desconozco.

Es como un estado de estancamiento infinito.
Cerraron con llave las puertas. También han suspendido las salidas por el momento.
Qué impotencia, menos mal que me dejan gritar.
Tal vez no me escuchan, pero lo importante es que no me retan ni me atan.

No se trata de la imagen habitual de una celda, va más allá.
Ahora puedo vislumbrar en mi mente representaciones más claras.
De a poco aparece el recuerdo de la vivencia. Me ayuda a seguir formando.
Voy creando, voy uniendo las partes.
Al igual que las de un rompecabezas. O parecidas.

Pero sigo adentro, tambaleando.
A la par me entretengo. Es fácil mientras uno está ocupado.
Pero en el espejo se refleja un vacío, arduo.
Pintarlo para disimularlo, shh...
Que nadie se entere.

28 septiembre 2006

Con sólo hacer clic

Con mi cámara fotográfica capturo cada una de las partes de tu cuerpo. La imagen es nítida, limpia. Muy real. La luz logra penetrar en cada recoveco de tu figura. Quiero tonos de alto contraste.

Aún no disparo, solo te observo.

Ahí puedo verte los pies. Ambos están descubiertos. Son más lindos cuando están abrigados con las medias. Esas que son grises y pasaron a ser blancas con el tiempo.
Cerca están las piernas. Me agradan tus pantorrillas, aunque vos las llames gemelos.
Vamos a correr para alcanzar la pelota y hacer un gol, o quizás caminar hasta la parada del colectivo. Ambas mantienen la coordinación entre sí, al menos que empiecen a ponerse un poco más viejitas. Nunca me salió dibujarlas del todo bien, me tiembla el pulso y luego me cuesta borrar el lápiz.
Ahora tu cola. Muy simétrica, al igual que el resto de tu silueta. Es perfecta, ninguna se asemeja. Y me encanta la curva en forma de tobogán que la une con tu espalda.
Tu espalda en forma de triángulo exagerado. Aquella que permite estudiar en detalle cada uno de los músculos que la componen. La misma que presta lugar para que todas tus vértebras se encaminen hacia el cuello.
Y el olor de tu perfume se adueña del espacio. Puedo sentirlo. Está cerca, ahora más lejos. Lo imagino, lo veo. Apenas se percibe la nuca camuflándose con tu pelo, corto.
Y te das vuelta para que de a poco comience a distinguir tu rostro, carismático. Veo continuidad, formas entrelazadas. Estoy ciega, no puedo encontrar errores. Pero aún así tampoco sé si sos perfecto.

Estaba por disparar, pero todavía no quiero. Me detengo a seguir mirándote. Puedo verte a través del lente que apenas te deforma, y al mismo tiempo sonreír mientras me oculto por detrás de mi cámara.
Ahora sí, creo que ya está todo listo. Es cuestión de hacer clic.

La última vez dije que ya no iba a creer más en las imágenes blanco y negro, pero me equivoqué. Las de color apestan.

Por favor, no dejes de posar para mí nunca más.

25 septiembre 2006

Rompecódigos

Hay muchas cosas en la casa. Formas geométricas claras, imágenes camufladas. Las mismas de siempre, entrelazadas unas a otras. Las cerdas de un cepillo con aires de renovarse, el título de un libro que acumula tierra de colores, pilas de discos que recuerdan dichosas juventudes roqueras. Pero hay más, siempre hay más. Hay también una tasa llena de café bien negro, sino la noche entera no se aguanta. Veo un diccionario. Qué sabio por saber tantos significados, qué ignorante su estructura que no permite ligar las palabras unas a otras. El cuarto se quedó sin luz, pero el día aún no se apaga. Y veo mis muñecas débiles de tanto escribir. Más tarde los dedos de la mano que extrañan el calor del tacto, y que buscan creer en algo efímero una vez más. Y es el mismo brazo lleno de músculos el que golpea. Más despacio, más fuerte, igual punza y lastima. No entiendo a los planetas, ellos y sus órbitas girando en círculos en contacto directo con el éter. Apenas veo una medialuna a lo lejos. La misma que hizo padecer de locura a varios eruditos y que está arrimada a una estrella milenaria. Esa misma que alguna noche nos detuvimos a mirar mientras caminábamos de la mano a orillas del mar. Pero en aquel tiempo era redonda y encandilaba los ojos, no como ahora que apesta. Y de a poco vuelve el calor de primavera, ese aire cálido que envuelve a los cuerpos y regenera antiguas pasiones ocultas. Y encontré esa foto del pasado allí en uno de los cajones de uno de los cuartos de la casa. Qué extraño, qué jóvenes éramos, tan solo un poquito más que ahora. Y así comenzó a surgir el rutinario recuerdo idealizado, aquel mismo que le miente a la razón y alimenta al sentimiento. Ahora hay que dar un paso hacia delante y sin retroceder. Pero ojo, acá está prohibido romper códigos, es peligroso y no perdona. De todos modos la tentación se hace presente, se adueña de mis movimientos impulsivos y hoy puedo afirmar que todo vale. Sé que las normas establecidas no me lo permitirían, pero yo quiero. Aunque no te vea en la casa, aunque no estés en relación con esas formas geométricas ya antes mencionadas, y aunque apenas pueda ver tu rostro borroso. Ahora hay que tener mucho cuidado y ser precavidos. No puedo olvidar que estoy parada en la boca del lobo. De una vez por todas me toca a mí empezar a correr. Qué bueno, esto recién empieza...

20 septiembre 2006

Los cambios y el lavadero

Le damos la bienvenida a lo que comúnmente conocemos como “cambio”, y por favor que sea expresado en todos los idiomas (yo por el momento con el que mejor me llevo es con el castellano, así que voy a continuar relatando de esta forma). Pero ¿qué es esto del cambio? Está palabra puede significar muchas cosas, o simplemente se nos pueden venir a la mente varias imágenes cuando hacemos mención de la misma.
A mí recién por ejemplo se me vinieron a la mente un par de zapatillas (esas que conocemos como All Star, de las cuales hay infinita cantidad de modelos y si querés hasta podes conseguir las que tienen la imagen de Agus teniendo sexo telefónico con Manuel). Pero seguramente se preguntarán qué tienen que ver las zapatillas con los cambios. Mucho. No es lo mismo cuando las zapatillas está recién lavadas (con la tela impecable y con las suelas tan blancas que nos da pena volver a usarlas), que cuando volvemos de bailar o de una fiesta y las pobres vuelven hechas mierda. Encima en este estado es cuando más se la discrimina, las pobres no tienen la culpa. Eso pasa porque las madres siempre les dicen a sus hijos que antes de entrar se saquen las zapatillas así no ensucian el piso de la casa, y las indefensas siempre terminan durmiendo en el lavadero junto con el resto de la ropa sucia y olorienta. Y así las zapatillas pasaron de un estado de pureza a uno de desagrado.
Imaginen un plato de ravioles, o mejor de canelones de ricota que son más ricos (pero sin nuez). Ahí están ellos y la salsa rosa (hecha de tomate y crema para los que no sabían). Bueno en fin, la pasta todavía está caliente y no podemos olvidar que la abuela hace los canelones más ricos de Belgrano (para ser más originales y no decir del mundo). El siguiente paso es dejar de observarlos, y luego tomar los cubiertos para empezar a deleitarse. Pero hay algo que no puede faltar nunca en estos momentos, el pan. Nada de grisines duros ni galletitas, quiero pan. Mientras combinamos bocaditos de canelones nos tentamos y mojamos el pan en la salsa (sí, será de mala educación, pero en familia y amigos todo vale). Y así es como de a poco el plato va quedando vacío, es más, tal vez hasta ni lavarlo hace falta (no, no, sino va a terminar en el lavadero junto a las zapatillas y la ropa sucia). ¿Pero el cambio donde está?, parece simple, pero no todo pasa por lo que podemos observar (eso sólo ocurre en las ciencias). Hay otra cosa más aparte del cambio visible (de un plato lleno pasamos a tener un plato vacío): el ánimo. En un primer momento uno se sienta a la mesa frente al plato. En ese mismo instante la boca se hace agua y los ojitos brillan sin poder controlar esa mirada atacante hacia los ravioles. Luego es el turno de empezar a comer y concentrarse sólo en la pasta, ella y nosotros (tal vez un vaso de agua también). Y cuando salimos de esa burbuja nos damos cuenta de que la magia terminó, que ya no más pasta ni tampoco más agua. Y en ese momento es cuando el ánimo comienza a decaer, a transformarse y a ser dominado por la rabia. Ahora no sólo no hay más pasta, sino que tenemos que lavar el plato y tal vez la tasa de café que alguien dejó esa mañana en la pileta de la cocina.
Qué podemos decir de un frasco de perfume (lleno). Da lo mismo si es importado de Francia o si es una imitación berreta de Plaza Francia, es perfume de todos modos. Algunos lo compran, a otros se los regalan, otros simplemente están insertos en la industria del mismo y los consiguen gratis. Nadie me puede decir que no le da pena usarlos, más cuando están bien llenitos. ¿Pero sino para qué están?, no son muy simpáticos como adorno (un tubo largo conteniendo un líquido). Es cuestión de animarse y usarlo. Y ahí es donde está el problema, uno lo usa y lo usa, y en pocos días lo termina gastando. Claro, en realidad está para eso, pero la complicación empieza cuando ya no tenemos más perfume para ponernos. ¿Mirá si terminamos con olor a lavadero como el que ya mencionamos anteriormente?, no, por Dios. Ese es el momento en el que debemos ir a otro placard que no sea el de nuestro cuarto, y revisar todos los frascos que parezcan contener perfume. Aunque pensándolo bien no es buena idea. ¿Y qué pasa con el cambio en esta situación?. Otra vez volvemos a dejar de lado la parte obvia: el frasco pasa de estar lleno a estar vacío, al igual que pasaba con el plato de canelones (sin nuez). Pero más allá de eso, ¿qué pasa?. Uno puede llegar a sufrir fuertes cambios emocionales. Supongamos que X es una mujer que usa siempre perfume y un día se le acaba. X ya no va a ser la misma de siempre, ya no va a ser la mujer a la que todos identifiquen por su fresco aroma envolvente. X va a sentir un vacío interno que no podrá ser saciado por otra cosa que no sea su adorado perfume (el francés o el de Plaza Francia). Y acá el cambio es muy importante, es interno y externo a la vez. Y también afecta al resto: si la mujer X dejara de usar su perfume, tal vez empiece a tener mal olor. Y así
también iría a parar directo al lavadero de ropa sucia, al igual que las zapatillas mugrientas y los platos sin lavar. En fin, qué grande el lavadero.

Qué lime, esto pasa por pasar mucho tiempo con Janis jeje.

12 septiembre 2006

Pupurrí expresivo

Salgo a caminar un rato por ahí. Mientras avanzo observo un poco a mi alrededor. Hay algo lindo, algo feo, está presente lo frágil, de moda lo sensible, lo brillante. Pero además veo un poco de la esencia. Me tapo los ojos y sigo oliendo el clima tirante que se genera en la multitud. Esos que chocan entre sí por defender sus propias verdades, y a su vez interactúan en un laberinto de mentiras oscuras y ocultas. Siento constantemente cómo nace la necesidad de expresarse, de querer gritarle al mundo quiénes somos, e ir sensibilizando los oídos para la aceptación de la negación y la afirmación. Unos somos así, otros asá, pero siempre lejos de llevar la carga perfecta en las espaldas. Hoy me sigo equivocando, y me enojo. Pero aprendo, luego borro y de nuevo vuelvo a escribir. Con el tiempo van incumbiendo cosas nuevas, tal vez tan pequeñas que pasan desapercibidas ante mis ojos, pero están. De a poco las voy viendo, las enuncio, las expongo, las leo, las subrayo. Bien de a poco. No hay que correr, sino por lógica llegaríamos más rápido. ¿Y después qué?, no entiendo, no entiendo la meta. Mejor marchar a paso lento, pausado. Mientras tanto voy mirando a los costados, derecho e izquierdo, uno y otro. Estamos en la frecuencia en donde la comodidad nos avergüenza, pero al mismo tiempo nos amenaza con la tentación. Y al caer es cuando nuevamente borro e insisto en volver a escribir sobre una hoja nueva. Recuerdo el andar de un velero, sobretodo el vaivén. A veces surge el mareo y acudimos en busca de un asiento antes de que explote, otras veces nos divertimos y no dejamos que el pelo nos tape la cara en la fotografía. Hoy me siento débil y pido socorro, mañana venderé sonrisas en oferta y mi tienda estará repleta de gente. Estamos llegando a una nueva estación, bienvenida. Se ha pinchado la burbuja, somos libres. Libres para poder escuchar una canción de amor, pero de las buenas nada de cursilerías. Libres de sentir, ya sea algo fuerte o débil, perplejo o acertado. Libres de razón, de juzgar elecciones que marquen distancia. Libres de manifestar nuestra vocación, nuestro querer, nuestro elegir. Hoy no tengo ganas de pensar, tan solo quiero gritar que soy joven y disfrutar del eco. No tengo idea si existe la posibilidad de madurar un plan B, por el momento vamos a empezar por la base. La base está. ¿Seguro que la base está?, yo creo que estoy bien parada.

10 septiembre 2006

Mañana de megda

Me levanto y me olvido la secuencia de los sueños que tuve mientras dormía. ¿Será verdad lo que se dice de ellos?. Me refiero al hecho de pensar que cada sueño nos da una señal de algo. Algunos sostienen que apenas son juegos para entretener a la mente en la noche cuando la misma no tiene ganas de irse a dormir. Pero también hay personas que van más allá de eso y creen que todo lo que soñamos es por algo. Mi inquietud es la siguiente: supongamos que los sueños nos están indicando algo, ¿qué hay con esos que sólo recordamos apenas nos levantamos y al instante pareciera como si se esfumaran dejando nuestra mente en blanco? ¿Será que aquellos que se pierden en la nada no son importantes? ¿pero si así fuera para que los tenemos?. Todavía no puedo decidirme con qué teoría quedarme, de todos modos no es algo que me inquiete demasiado en este momento (debe ser que en el fondo no creo mucho en esas señales). Ahora me dirijo hacia la cocina. Por qué será que no está listo el café, mierda. Entre el fastidio de levantarme cuando todavía el sol no salió y a eso sumarle la falta de café, puedo afirmar que lograron ponerme de mal humor (sí, los mismos que me asignaron ese horario de mierda para entrar a la facultad y los que no me dejaron el café filtrado para solo tener que echarle la leche y calentarlo). Pero qué me pasa, estoy hablando como una viejita que nada puede tolerar. Mientras espero por mi café voy a leer un poco el diario. Justo en la mitad vino una revistita de una de esas marcas que venden electrodomésticos y demás (quiero mencionar que dos o tres veces por día recibo llamadas telefónicas a casa de gente que piensa que se está comunicando con Frávega. Pero no, los boludos se equivocan al marcar el último número y ahh...). En fin, volviendo a la revista, pucha qué es caro estar hoy en día a la moda en cuanto a la tecnología. Pero bueno, tengo que interrumpir la lectura ya que mi café me está esperando y mi estómago se la está empezando a agarrar conmigo. Voy a sentarme a desayunar en el comedor diario, tranquila. Ya casi tengo todo listo: el café con leche y un par de galletitas. Pero me olvidé de encender la tele para chequear la temperatura. Como no encuentro el control remoto voy a tener que levantarme de la silla a encenderla. &%$·”(/%/·$!!!!! ¡Qué torpe qué soy!, ¡con el codo tiré la tasa de café y lo derramé por toda la mesa!. Qué mañana esta por Dios. Pero a no perder la paciencia, hay un nylon que protege el mantel y con el famoso trapo amarillo de la cocina en dos minutos limpié todo. No llego a hacerme otro café y encima ya se me fueron las ganas, mejor me como las galletitas y me conformo con un vaso de agua. Me fijo la temperatura en la televisión así ya me voy a vestir. 20º, qué tiempo loco, un día te cagás de frío y al siguiente tenés que salir medio en bolas porque sino no tenés donde carajo poner el abrigo (qué fina mi manera de expresarme, faltó decir que me lo meta en el culo). Ya me vestí, solo me faltan las zapatillas. ¡No encuentro medias! (y sí, uno tiene siete mil quinientos pares de medias pero nunca están las dos, o están agujereadas o están todas en la pila para lavar). Ahí encontré unas en el fondo del cajón, son feas pero igualmente no se me van a ver. Voy a llegar tarde así que mejor me apuro con el temita de atarme los cordones. No voy a relatar la parte del lavado de dientes, el pis y el tener que luchar contra el pelo para peinarme como una señorita (es increíble cuando estás apurada y te levantás con el flequillo en posición de Torre Eiffel y no hay manera de bajarlo). Y para seguir la tradición de la mañana no encuentro las malditas hebillitas que pueden solucionar mi problema con el cabello. Ahí vi unas amontonaditas al lado del perfume, listo. No me tengo que olvidar la mochila, porque con 20º un saquito me tengo que llevar y no vaya a ser cosa que después en clase no tenga donde guardarlo. Igualmente no sé para qué me hago este comentario si nunca antes me olvidé la mochila, aunque siempre puede haber una primera vez (sorry, pero qué boludo el que alguna vez se olvidó la mochila). Ya son y media así que me las pico. Dónde habré dejado las llaves ayer... otra estúpida pregunta que me hago a mí misma ya que las llaves siempre están ahí colgaditas (se me fue el nombre de la tablita que tiene ganchitos en donde se cuelgan las llaves). Voy a salir de casa y un calor interno efervescente me atraviesa todo el cuerpo. La puta madre me olvidé que hoy había paro. A la mierda, me vuelvo a dormir otra vez (cuando me enojo digo malas palabras). ¿Por qué será que se les dice “malas” palabras si en ese momento son la opción más buena para descargarse?. Pero basta de filosofar querida, son las 6 y media de la mañana y es hora de meterse en la camita otra vez. Voy a ver si sueño con algo que me haga creer en la teoría de los sueños-señales. Zzz...

(Nada de esto me pasó, pero lo de Frávega es cierto).